Llegué perdida, pero llegué.
Miré hacia arriba, y no encontré tu rostro. Encontré una guitarra que colgaba de la ventana, aquella guitarra que había visto alguna vez en tu habitación y que reconocí al instante. Me guié por ese tipo de música, para llegar a ti, y luego de tocar tu puerta, abriste y me abrazaste como ayer.
Me dejaste entrar nuevamente, a tu casa, a tu vida, a tu cuerpo, a tu mente, pero nunca a tu alma. Y aunque quise hacer como si no me hubiera dado cuenta, la alfombra de tu cuarto me dijo lo contrario; lo que había percibido, ese detalle de ti.
Ahí fue donde giré para decir lo bello que había encontrado el lugar: ahí fue donde me tomaste de la cintura, y me volviste a besar. Un beso largo, un beso rico, uno de esos que soñaba y recordaba en mis noches. El mismo, se hizo realidad. Me tiraste a la cama, me perseguiste entre tus sábanas, cojines y frazadas. El ambiente era tibio, la luz estaba baja, la música era sincera y tus ojos muy oscuros. Me pedías recordarte, me rogabas desnudarte ... Complicadamente.
No quise. No a llegar tan lejos como esperabas. Me tomaste el brazo, como nunca lo habías hecho, y luego de agarrar como pude mis cosas, cerraste la puerta, en mi rostro.¿En qué momento me cambiaron a aquél a quien esperaba abrazar? ... No pude analizar más allá de mis narices, por lo que abandoné como pude el lugar, lejos de ti.
Comprendí entonces que había sido un error. Botada a las 3 de la mañana, no podía volver a mi lugar de origen, por lo que decidí partir con dirección a un momento más alto, donde podría ver con altura de miras. No le dije a nadie, tomé una micro y sin querer me topé con aquella salvación.
...
Toda la noche ... Toda la mañana, me permití contemplar como nace el sol. La lluvia no dejaba disfrutar aquel acontecimiento, la lluvia interna, y mis ganas de partir. Llamaste toda la noche, y no contesté. Ver tu nombre me partía el alma, sentir tu preocupación generaba más rabias. No sé como hiciste para tranquilizarme, pero mandaste a alguien mejor que tú en mi búsqueda; alguien incondicional.
Tocó la puerta (entre abierta) que había dejado, después de saber que la dirección de sus pies era la nuestra ... Apenas sentí que llegaba, pedí que cerrara el acontecimiento, la duda del momento que se me escapaba por las ventanas; que se sentara a mi lado, y lograra captar mi pena, sin siquiera preguntar el motivo. Y lo hizo, me abrazó sin dudar, quizás porque la pena se me salía por los poros. Quizás por pena, quizás por cariño ... No quise encontrar las razones, sólo pude mirarlo ya cansada de tanto derramar aluviones de tristeza, y agradecer que la vida lo haya conducido allí.
Durante el tiempo que permanecimos queriéndonos, como siempre, me dijiste que el culpable de mi pena te había contactado, desesperado por mi ausencia, y arrepentido de su actuar. Pensó en ti, porque sabía eras uno de los pocos a quienes contestaría después de madrugar, en vano. Buscaron juntos un largo rato, llamaron a mi casa, a mi madre, a mis perros y al vecino de enfrente, sin encontrar respuesta. Luego, el que insistió fuiste tú, a quién finalmente accedí a contestar, para darte mi ubicación, y mis ansias de venganza.
"Shh ... Descansa" ( tu mano en mi cabello, cerca tuyo, mi cuerpo ...) Me sentí en paz.
Miraste mis ojos ... Secaste mis labios ... Sentimos el ritmo constante y contínuo del motor de la vida ... Que se hacía latente entre los dos. Te acercaste ... Me acerqué, mirándonos siempre las ansias de contención ...
"¿Qué estoy haciendo? ... " Fue mi último pensamiento antes de que sonara el teléfono y diera fin a la historia ... Al sueño.
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