06 agosto 2011

El salto perfecto

El día es justo para salir a disfrutar ... Para sentir el aroma de las flores, para convertirse en una simple mariposa y volar lo más alto que has soñado. El día se convierte en tu sueño hecho realidad, rodeada de tus amigas que juegan contigo a las escondidas. Y tus amigos que las buscan entre las ligustrinas, sigilosos como leones en la selva.

No te han encontrado, nadie pensó que podrías trepar a la casa del árbol. Los niños no nos dejan entrar, sin embargo rompiste la regla. Y aunque ganes este juego, quizás puedan enojarse contigo cuando logres bajar esa dificultosa escalera.

No te importa, ahora estás escondida entre tanta madera, y miras a tu alrededor: hay muchas cosas entretenidas con las cuales jugar "¿y si me quedo aquí en silencio mientras el resto sigue jugando?", piensas con esa mente traviesa que siempre has tenido.

En eso, sientes que uno de los niños comienza a subir a la casa del árbol. No tienes como bajar, ni tampoco no puedes esconderte, no es que sea muy grande ni que tenga más de un ambiente. Te encuentra entre sus cosas, y pone cara de asombro al comienzo. Luego se enoja, y antes de que pueda decir cualquier cosa, lo interrumpes, diciendo que te escondías de ellos para poder ganar el juego.

"Dijimos que no valía venir a esconderse aquí, eso bien lo sabes" me dijo ese niño de ojos castaños al escuchar mi excusa, que no tenía ningún argumento sólido. Sólo curiosidad inocente en mis palabras.

Resignado (al parecer) a la idea de tenerme entre sus cosas, decidió mantenerme cautiva, diciéndole al resto que había perdido rastro de mí y que él se quedaría jugando arriba porque no quería seguir corriendo y perdiendo su tiempo. Ante eso tuve una duda respecto a sus palabras, pero concluí que eran historias de mi cabeza loca y él no pretendía nada de lo que yo había pensado.

Eso creía ...

Estuvimos toda la tarde, como dos locos pequeños jugando a ser locos grandes. Me mostró su colección de autitos chocones, sus revistas con niñas ligeras de ropa. Sus monitos de acción, su álbum de football profesional y sus sueños de grande. El tiempo psicológico nos jugó en contra, y para cuando volvimos al tiempo cronológico nos dimos cuenta que ya era de noche. Y que nuestros padres podrían preocuparse.

Había entonces un solo problema: las escaleras de noche no se veían tan claras como en el día, y era nuestra única salida. Si bajábamos corríamos el riesgo de caer al vacío infame, demasiado alto para nosotros; si por el contrario nos quedábamos ahí toda la noche, podríamos levantar sospechas y eso provocaría que al otro día los niños nos molestaran harto rato ... Ninguno quería eso. Al menos no yo.

¿Qué pasó entonces? Le dije que sería mejor arriesgar nuestra vida, total, podrían venir muchas más para seguir conversando y jugando en esa casa del árbol. Si no lográbamos llegar al suelo, al menos lo habríamos intentado. Me miró aunque la noche no me dejó entender totalmente la expresión en su rostro. Ante mi respuesta, se acercó y me dio un beso. Sentí algo húmedo en mis labios, eran los suyos que muy seguros se habían acercado a los míos, antes de morir.

Nos separamos y me dijo: "eres la niña más tierna que he conocido ... Y eso que sólo tengo 7. Si sobrevivimos, te gustaría caminar conmigo??" No supe que decir, sólo un dubitativo "sí" y una sonrisa que hasta el día de hoy dudo si en efecto logró ver, fueron mis respuestas.

Feliz de la noticia, se embarcó en la odisea
Ambos, me dio la mano, bajamos cautos esa peligrosa escalera.
Pero fue extraño, porque en vez de sentir piedritas del estacionamiento, sentimos algodón en nuestros pies. Y vimos como la noche se volvió día, y como un señor mayor de barba y algo amarillo en su cabeza nos tomó la mano para llevarnos no sé donde.

Me acordé que tenía mamá y papá, preocupados por mi ausencia durante largo rato.
Le pregunté al caballero si podíamos volver
Me dijo entonces:

"No esta vez ... Ya habrán más vidas para volver a jugar a la casita del árbol"
Ambos, mi amigo y yo nos pusimos tristes un momento
Se acabaron las escondidas y las caminatas por esos lugares tan lindos, junto a nuestros amigos. Pero luego de tanta tristeza, nos dimos la mano, y entramos a un lugar hermoso que nunca olvidaré.

Te cuento esto, porque cuando subas a esa casita, debes saber que hay que bajar antes que anochezca. Ahora, tómate la leche, come tu pan con mantequilla, que luego de eso, puedes volver a jugar...

No hay comentarios: