Como una niña, la ventana se hacía pequeña; la vista al frente espectante, sin ver nada a lo lejos. De repente, un sonido sordo, como si lo peor del ser hubiera dejado caer una bomba ... Segundos más tarde, luces en el cielo...
Eran tantos que no sabía donde mirar. Cada uno intentaba captar mi atención de maneras diferentes, con sus colores, tamaños, formas y motivaciones.
Comenzaron siendo uno al principio. Con el correr del tiempo la diversidad se hizo parte de ellos, y no podía decidir con elocuencia que captar de ellos.
Colores y luces se reflejaban ante mis ojos, yo no podía más de mi alegría. Era un sueño hecho realidad, la vida me premió nuevamente con algo hermoso ante mis ojos. Era algo increíble para mí.
Todo fue diferente este año, los paseos después de las 00:00 hrs por Valparaíso y su magia eterna, me hicieron ver una vez más lo afortunada que soy en esta vida. Aunque ver tanta alegría luego de un rato trastornada a la ensoñación desfigurada de algunos, me volvió un tanto escéptica respecto a si es necesaria tanta destrucción para poder decir que lo estás pasando de maravillas.
Claramente, soy yo quien ahora un tanto acongojada escribo estas líneas, por ver tanto. Pero es lo que ocurre en momentos masivos, y al parecer el mundo sólo ve en los extremos alguna manera de salirse del camino un rato.
¿Estaremos ciegos acaso?
Vemos hermosura a nuestro alrededor, y al segundo se transforma en algo.... rancio?
No lo sé en verdad, para mí la noche era de ensueño y de un momento a otro la colectividad se deformó ante mis ojos y yo, cuerda de aquello, no pude sacarme esa imagen de mi cabeza. Quizás exagero, quizás todos los días esto ocurre y yo espantada cada vez que lo veo, no logro creerlo.
Bueno, quizás al terminar el día haya de quedarme con lo mejor: esas luces en el cielo que hermosas bailaban ante mis ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario