Nublado el día, me sorprendió una mariposa en la ventana; sigilosa se encontraba esperando volar ... Pero yo pensaba que estaba enferma, que tenía miedo de intentarlo de nuevo. Me acerqué a ella, la tomé de sus alas, hermosas alas verdes cerradas que quisieron abrirse al sentirse atrapadas.
Le di un trozo de pera, se aferró a él como si fuera lo último que hiciese. La quedé mirando, le pregunté si tenía miedo. Me vi reflejada en esa mariposa, porque estuvo mucho tiempo sin hacer nada, más que aferrarse a algo que pensaba jamás tendría otra vez.
Finalmente, y después de mucho rato, se decidió a volar, y su trayectoria fue tan hermosa, que me dio una lección de vida:
"No importa el tiempo que tomes en volver a respirar, en darte cuenta de las capacidades que tienes, y los miedos que afrontas ... Lo importante es que, cuando te sientas segura y tengas un poco más claro hacia donde quieres ir, con todas tus ganas abras tus alas e intentes volver a volar, como anteriormente lo has hecho; porque nunca olvidaste como volar, sólo te dio miedo volver a caer".
Han sido pocos días, y las enseñanzas y aprendizajes que he aprendido han sido muchos. De a poco abro mis alas nuevamente, porque sé que la vida continúa para todos, y nadie se salva de porrazos para entender mejor las cosas. Tal vez en su momento aprendí por medio de la felicidad. Ahora es a través de la realización, de concretizar cosas, de verme al espejo y darme cuenta que si bien hay situaciones y personas que no quisiera perder, el momento es hoy, es ahora y tal vez no se han perdido, solamente se vuelven a reencontrar.
Yo confío en tener razón. Confío en la poca sabiduría que porta mi corazón, porque aún lo siento latir dentro, y ahora más que nunca quiere latir, para vivir los últimos meses más hermosos de mi vida.
La culminación, el paso final .... El principio del fin, y un nuevo comienzo, un nuevo ciclo esperando para partir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario