Hoy no me di cuenta que estaba cantando, cuando estaba
cantando una canción que aprendí. Cuando capté lo que hacía, la emoción me
cerró la garganta, y volvió el dolor.
¿Será eso? Quizás hay dolor incrustado dentro de mi voz y
eso es lo que no me permite seguir cantando. Cuando lloro, ese dolor también
aparece, es más allá que un nudo, es como un ardor, un malestar que perdura un
rato antes de disiparse.
Mi voz es también un sentimiento que entre emoción y
nostalgia se va transformando a olvido.
Quiero dejar de sentir eso cuando canto. Quiero sentir cosas
hermosas cuando lo haga. Me emociona sí, pero ahora esa emoción no sirve,
porque complejiza el asunto. Tal vez los aprendizajes de 26 también deben
llevarse al alma.
¿Cuál es la tristeza? Escucho y escucho esta melodía, y lo
que imagino me da pena. Es como si no supiera cuanto más adelante podré cantar,
y el solo hecho de pensarlo me hace perder la fe. No me había detenido a pensar
que este luto está cumpliendo un curso, y este momento preciso fue para
percatarme de ello y sentir.
Cuando cambio la temática, me transformo y esa nostalgia se
va. Con algunos temas me pasa, con otros es como si otra yo con más fuerza
saliera.
Que interesante forma de conocerse a si misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario