Me cuesta escuchar al corazón ... Como si le hubiese bloqueado su pensamiento, su conexión con entenderlo, su conexión conmigo ... Sé que ahí está, late todos los días, cumple con su trabajo constante; pero hay un aspecto que dejo de sentir.
El amor.
Es complejo, porque sé de lo que es capaz de hacer, hasta donde él puede junto a mí llegar. Sin embargo, no lo he dejado, creí que aún estaba inestable, enfermo, con miedo.
A veces se manifiesta, a veces me recuerda que él también puede sentir la compañía de un otro. O de muchos otros. Se enorgullece con mis actos, se hincha de cariño en el trabajo, a veces se apena con la familia, o se preocupa por la misma, pero ...
¿Qué pasó con ese protagonismo que algún día encendió la luz de mis ojos?
¿Qué ocurrió con esa capacidad tan inmensa de ser amor?
¿Qué lo acobardó al final del camino, qué lo asustó de golpe?
¿Se habrá sanado?
....
A veces me pregunto que estoy haciendo, por qué no le permito volver a sentir algo tan fuerte. Porqué me dejo llevar por fantasmas de fantasía, que no llevarán a ningún otro lado. Sé que los fantasmas no son malos, pero siempre una parte de ellos, será mi temor; a que sigan existiendo, quien sabe hasta cuando, porque aún existen, y su presencia es inevitable.
Ya no necesito un compañero constante, al menos no ahora, y eso habla muy bien de la independencia que he logrado con el tiempo. Sin embargo, cuando me das un beso, una fuerza aún más intensa penetra mi ser, y disfruto tanto la sensación que me provoca tal acción, que simplemente me dejo llevar por ese fantasma que aún nos persigue.
Puedo confiar en tus palabras y caricias, en tus abrazos y besos, en tu aroma y calor, porque conozco el camino que han trazado lentamente mis dedos muchas veces por tu cuerpo. Puedo deletrear cada palabra que lleva tu piel impresa, puedo a ojos cerrados localizar cada punto importante que te estremece por completo. Puedo seguir viéndote como un hombre, puede tu líbido hacer contacto con mi tentación y conceder aquellos simples pero profundos deseos ...
Pero no puedo volver a verte como una oportunidad, una opción viable, como alguien que pueda ser una proyección segura y certera. No puedo confiar en tu instinto de traición, porque en algún momento también me traicionaste. No puedo confiar totalmente en ti, aunque sé que no me harás daño, porque supiste verme en el piso con aquel daño que me hiciste antaño.
Ya pasó la etapa del rencor, la etapa de la tristeza, la etapa de la eterna juventud. He sabido perdonarte, he sabido abrazarte, besarte, escucharte y quererte.
No he sabido dejar de hacerlo, nunca quise aprender eso contigo.
Lo que sé es que te conozco casi casi tan bien como tú me conoces a mi, y de eso se alimenta nuestro fantasma. Nos sentimos suficientemente bien estando juntos, compartiendo, sabiendo que el otro está cerca. Nos confiamos reflexiones, nos creamos diálogos idiotas, nos seguimos mirando a los ojos.
Ya tengo 25, y no tengo ningún interés de estar con alguien puntualmente; pero sí quisiera establecer un poco el equilibrio de mis sentimientos, y para ello, siento que necesito escuchar otra vez a mi corazón. Porque solamente él es quien sabe qué es lo que necesita para estar bien, para equilibrarse, para volver a ser feliz.
Y yo de a poco lo ayudo, a construir emociones y sentimientos que no estén medianamente llenos.
Hace tiempo, que volví a sentir.
Pero eso sólo lo he logrado vivir conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario