El mundo no hace nada en absoluto por detenerse. Es viernes, ése día, final de una jornada intensamente cargada.
Pasa un animal, se sienta en la fila, se acuesta en el piso.
Se va el tren de tríos triviales, camina el rojo pasión … Y eso que mis ojos no son de un color natural, sino que se encuentran opacos por el trasnoche, cerrados casi por el dolor de muelas que se aloja en mi estómago.
Yo creo que después de escribir me iré a dormir, al ciclo accesible que posee ése caracol peldañoso. Creo que me iré a dormir, pues en la terrenalidad del sueño autista se encuentra la parcialidad de la vida en compañía.
Y no estoy celosa por ver pasar al team Mecano y no ser parte, al contrario, cuando forme parte del elenco, querrá decir que terminé como la loca que escribe a las orillas de un cerro.
Todo se impregna de aroma, de ése recuerdo olfativo que tiene mi tacto emocional; aun no puedo recordar el que hoy en día favorece mis noches, es porque sigue de alguna forma arraigado al sentimiento y a ésa sensación de insatisfacción.
Yo creo que te fuiste, o nunca llegaste. Yo creo que las llantas de los autos deben ser parte del cemento celestial y nosotros aquí abajo, míseras pulgas de mar.
Mrs. Smith
No hay comentarios:
Publicar un comentario